Ligar a los 50 años o más

El otro día discutía con mi hija porque decía que ya no tengo edad para ligar...
Yo me enfadé un poco con ella, porque soy de la opinión de que a nuestra deda hay que divertirse y mucho, hay que echarle "Humor y Alegría a la vida" y que la muerte nos coja con los tacones puestos y los labios pintados.
Y es que todavía hay sitios donde ligar, tengo una amiga que ha cumplido los 60, esta estupenda y ha ligado en el curso de Bailes de Salón, otra en el Bingo, y ahora cada vez hay más hombres de nuestra edad prejubilados paseando por los parques...
A nuestra edad hay que aprovechar porque el tiempo es oro.
Tema de discusión empezado por Sole
Antonio
Lo importante es encontrar con quier compartir nuestros momentos, a quien dar ese cariño que le falta...es cierto que es más importante dar que recibir, y más a nuestra edad...sobre todo porque somos perros viejos que sabemos distinguir a las personas sinceras de las que se quieren aprovechar de los demás
hace 338 días
 
Mar azul
Hola a todos, soy nueva en el grupo, me gusta escribir y compartir mis pocos conocimientos sobre el tema.

Pienso que lo más importante de todo es la sinceridad, ligar como dice Sole a los 40, 50 o 60, que importa la edad si el espiritu es joven, si se tienen ganas de compartir, de experimentar de nuevo el amor.

Pero como decia antes hay muchas clases de amor, os comparto un documento que me gusta mucho, espero sea de vuestro agrado.

Un saludo, Mar azul

Unas cuantas formas de amor ¿cuál es el tuyo?

Al entrar a jugar en el juego del amor o de las relaciones afectivas, ya hemos visto que es importante tener en cuenta, en primer lugar, cuál es el propio concepto del amor para poder estar atento a cuál es el de la otra persona, que no siempre tiene que coincidir con el que tengamos nosotros. Cuando se entra en una relación únicamente desde la perspectiva propia, las probabilidades de equivocarse aumentan exponencialmente.
En este artículo te presentamos varios modelos de amor, para que decidas o identifiques cuál es el que ya has vivido y no quieres volver a vivir, cuál te gustaría tener a partir de ahora, o cuál ha sido el que ha marcado tu vida afectiva, para bien o para mal.

«El amor es confuso»

Existen relaciones en las que se entra con toda la buena voluntad de ambas partes pensando que se trata de amor verdadero, y sin embargo, a menudo nos llevan a adquirir compromisos por la razón equivocada. Una de esas razones suele ser la elección de pareja atendiendo únicamente a la belleza externa, asumiendo que el resto de características positivas de la personalidad van unidas a ella. En Psicología esto se conoce como «efecto halo», por el cual atribuimos, a partir de una sola cualidad, un conjunto de cualidades generales, tanto positivas como negativas. A medida que desaparece esa belleza aparece proporcionalmente el desencanto, a no ser que existan otras razones que nos vinculen a esa persona.
Otra manera de confundirse en el amor es adquiriendo demasiado pronto compromisos que deberían sellarse en un estado más avanzado de la relación, cuando ya se conoce a la pareja y se está seguro de que se quiere seguir adelante con ella. Además, comprometerte demasiado pronto tiene la desventaja de que, si eres una persona de palabra, te acabará resultando prácticamente imposible desdecirte de lo prometido, y entrarás en relaciones con fecha temprana de caducidad, pero con permanencia indefinida, a no ser que el destino o la casualidad colaboren un poco.
La frustración que aparece en ambos casos produce un estado de confusión profunda porque las relaciones iniciadas resultan no ser finalmente amores, sino grandes errores, que son consecuencia directa de una selección por las razones equivocadas.

«El amor es tranquilo»

Hay también amores que surgen casi imperceptiblemente, con una cadencia rítmica, sin prisa pero sin pausa, de manera equilibrada y sana. Son personas que se conocen, se atraen, se compenetran, se dan un tiempo prudencial, se comprometen, y son felices de forma natural y espontánea, con un amor rítmico, enriquecedor y no carente de pasión.

«El amor me hace daño»

Un concepto que nos gustaría ayudar a cambiar es aquel referido a que el amor hace daño. Por contraste respecto a los amores de calidad, las relaciones que surgen basadas en la impetuosidad, en la ambigüedad, en la interpretación errónea de sentimientos o en la manipulación por alguna de las partes, difícilmente pueden llamarse amor. Nos resulta familiar ese amor que surge de un momento de irrefrenable atracción, dirigido más por la pasión que por la razón, y en el que se cree por momentos rozar el éxtasis. Así, con la misma rapidez que surge la pasión, aparecen también los malentendidos, las paradas bruscas, la estupefacción ante la retirada de uno de ellos, el dolor que produce la ruptura de una ilusión, y la decepción cuando la realidad nos muestra una relación imposible construida sobre el desconocimiento de la otra persona. El dolor se hace todavía más profundo cuando empezamos a justificar conductas injustificables, que quiebran nuestros valores más sólidos y hace que se inicie una lenta agonía que nada tiene que ver con el amor.
Se trata de amores impulsivos basados en expectativas irreales y en promesas vacías o de difícil realización, que pronto se precipitan en forma de desamor. Las personas imprudentes, como suele ser habitual, son incapaces de responsabilizarse de las consecuencias de sus actos, de sus promesas y de sus palabras. éstas buscan el perdón con un falso arrepentimiento y con una justificación torpe de sus reacciones, ahondando más en las heridas provocadas, y pretendiendo salir indemnes de lo que ellas mismos han provocado.

«El amor es sublime»

El amor con mayúsculas, que para todos los incrédulos podemos aseguraros que existe, queda reservado a aquéllos que saben controlar sus enfados, que saben dar opiniones y respetarlas, que expresan sus afectos sin atosigar, que consideran los sentimientos ajenos, que miden sus palabras de manera que puedan decir su verdad sin ofender, que son capaces de aprender de sus errores, reflexionar y, lo más importante, enmendar los daños producidos por su conducta. Se trata de personas imperfectas, ignorantes y, por qué no, ingenuas, pero que son capaces de una conducta que refleja una elevada categoría personal y, cuyo objetivo principal, es el bienestar y la felicidad de la persona amada en lugar de perseguir solo la propia satisfacción, incluso si ello supone la renuncia a la relación. Se trata de personas ávidas de aprender a amar con elegancia de espíritu, donde el trabajo individual de remodelación de la belleza interior facilita sin duda la experiencia vital, pasional y cotidiana de amar y sentirse amado.
hace 274 días
 
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